miércoles, 20 de enero de 2016


Retractos # 01: “Máicol”

 El Máicol alterna extravagantes vericuetos rupestres con somnolientas metáforas primitivas, a la hora de hacerse entender. De todos modos, su idea queda plasmada con contundencia torpe como mosca escrachada en una pared. Aún cuando es difícil contener las primeras expresiones que parecen cachetear a la paciencia y el sentido común, El Máicol desgarra su pretensión y entonces no queda otra que acatar y suponer que todo debe andar bien.
-Pongansé las pila y denle pa’delante que en media hora está todo pronto. Haber, Amilcar…
 Queda la sentencia rebotando en el mugroso taller, alternado tecnología obsoleta y descuidada con equipamiento de última generación, en vías de un final similar y prematuro.
 Todo parecería indicar que El Máicol está bien lucido, y la puesta a punto de un complicado motor a inyección con doble árbol y cuatro válvulas por cilindro será cuestión de pocas horas.
 Se mueve como un mandril bajo efecto de anfetaminas, o como un primate nervioso, y en su dinámica perversa y brusca se rescata la meticulosa precisión de un animal adiestrado para cumplir con funciones tan específicas que por simples no dejan de sorprender.
-Lo pruebo yo y despué salimo lostré… -Dice amparado en la sombra que lo cubre bajo el cofre del motor.
 Se enciende el motor. Parece una cuerda de tambores bien afinada, es perfecto. Después de un grotesco movimiento donde sus manos se frotan a los costados del mameluco, haciendo incomprensible la articulación que hace posible tal destreza, escupe el cigarro del que cuelga curva una ceniza de tres centímetros.
 Acelera y sale cauto entre el retumbar del motor opaco y encabritado. Sale a la luz del medio día y apenas puede verse el señalero a la derecha que en la sombra del túnel parecía una turbina al rojo vivo. Desaparece. Se intuye el semáforo a treinta metros. La espera ronroneante y la partida vertiginosa desprendida de un trueno. Aplastando al bólido contra el pavimento caliente, se escapa zigzagueando en virtuoso manejo de incomprensible soltura, capaz de medir obstáculos y calcular el desplazamiento de cada uno de ellos en su entorno. De forma exacta y dinámica, desaparece detrás de una loma asfaltada antes de que en cualquier otro vehículo pueda apreciarse movimiento o cambio de dirección. El Máicol es eso: un mandril talentoso dentro del traje de un hombre mediocre.    

RV 2016 


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