jueves, 24 de marzo de 2016


Retractos # 18: “Likter Liktor

 Likter Liktor supo ganarse el respeto entre la gran mayoría de los funcionarios de la Likter S.A., a pesar de su rudimentaria plataforma y sumisión a los patrones de la empresa. Era difícil separar de su función primordial de control y delación, a cada una de sus astutas y graciosas intervenciones en la vida diaria de la empresa. Por momentos, parecían dos personas en una, pero creo que era mucho más que eso…
 Carecía de muchos de los atributos de aparatos de su clase, y teniendo en cuenta que su rudimentaria estructura estaba ya anticuada y evolucionada en un par de generaciones, Likter Liktor conservaba componentes que con el paso del tiempo fueron nuevamente puestos en producción, incluso con los mismos materiales debido a que su nueva versión no llegó a tener el mismo nivel que optimizaba la sensibilidad de sus controvertidos sistemas.
 Pero había serias disposiciones en cuanto a su mantenimiento, y sobre todo, con respecto a nuestras actitudes de cara a él. Así es que estaba prohibido convidarlo con cualquier tipo de alimento de consumo nuestro (esto incluía bebidas, sin importar la temperatura y si contenían alcohol), u ofrecerle un sitio o asiento que no estaba estrictamente dentro de su área de desplazamiento y ajustada a su particular trasero.
 Por otro lado, y en la mayoría de los casos, Liktor compartía con nosotros todo tipo de intimidades y era testigo de refriegas y altercados dentro de nuestra sección, la PSF11: “ensamblaje rígido”.
 Bien, lo que es ensamblaje rígido es el armado de la estructura de las muñecas escala 1:1 que nuestra empresa produce. Las hay de todos los tamaños, edades, y gustos, perfectas concubinas que se amoldan a nuestros primitivos instintos, solo a esos, nada más. Después, permanecen en el suspenso que envuelve a cualquier objeto dentro de un hogar, sin reparar uno si se encuentra aún allí y si conserva la postura o ubicación que se le dio en una primera instancia.
 Como funcionario de la empresa, la misma nos ofrece muñecas con grandes descuentos, y lo que es mejor, ajustable al punto de tener una mujer a medida supervisada en cada detalle de su construcción para lograr el máximo placer en su usufructo.
 Por ejemplo, a la muñeca de Espeincinvader Umpierrez (jefe de la sección PSD5, “maquillaje superficial”), se le ajustaron las bisagras que hacen posible la articulación entre piernas y caderas. “Soy de matraqueo frenético”, nos argumentó cuando su pedido exigió algunas especificaciones técnicas antes de su abordaje. En el caso del ingeniero Sideguinder Colman, de la sección PGG34 (“acondicionamiento térmico”), quizás un poco por su visión de corte intelectual y surrealista sobre la mujer, o simplemente por padecer una patología psiquiatrita severa, fue un desafío colocar dos vaginas donde los ojos, un ojo donde su boca, y la boca, propiamente dicha, en el lugar natural donde toda mujer luce su vagina. A la hora de argumentar estas singulares modificaciones, en la ficha técnica de su muñeca, se leía con letra enrulada y arrogante que invadía los renglones superior e inferior: “tengo predilección por mujeres que encierran secretos con hermetismo y sabiduría, así busco en su mirada sus sentimientos, penetro con pasión su intelecto y luego, en la mayor intimidad, escucho sus palabras encantadas que pare como hijos hermanados cual poesía”. Siempre le tuve miedo, pero su sección dista en 300 metros de la nuestra y si son dos veces al año que me lo cruzo, es un verdadero milagro.
 A todo esto Liktor aporta comentarios de un ingenio extraordinario, muchos de los cuales pasan a definir situaciones comunes o a bautizar a individuos.
 Cuando Onzatroi Menéndez (funcionario de la sección PFF9, “segregaciones líquidas”), confesó en el pedido de especificaciones técnicas de su muñeca “me siento solo y triste”, Liktor sugirió no hacer caso a los cambios propuestos por el veterano empleado. Onzatroi, casi imploraba en su nota la implementación de un culo de proporciones aberrantemente gigantescas, y Liktor decía que utilizando la misma masa requerida para la fabricación de aquellas enormes nalgas, se le implantara a la muñeca un pene de soberbias proporciones. Así es que sentir y sentarse eran para Liktor “modalidades de una misma inquietud”.
 Era de suponer que en las reuniones sindicales, a la hora de abordar el tema de los “Corregidores” (así se les decía a estos aparatos que en cada sección funcionaban con un mismo cometido, y al que cada sección adoptaba con nombres diferentes), los comentarios tuviesen una fuerte carga negativa y de rechazo.  Se exigía cada vez más que se regulen las intervenciones de los Corregidores, se disminuya su carga horaria de trabajo en contacto con el personal humano, y se les desactivara la cámara de televisión que portaban estúpidamente disimulada a un costado de la cabeza.
 A no ser por la cámara que prácticamente ya no la portaba ningún Corregidor, salvo en aquellos que trabajaban en secciones donde se manipulaban componentes químicos nocivos para la salud de la gente, las otras dos reivindicaciones una y otra vez eran rechazadas por la empresa.
 A raíz de una intervención policial anticipada que reprimió una manifestación en las afueras de la empresa, antes de que se hubiese siquiera proclamado la causa de la misma, fue que se volvió una causa principal la erradicación total y definitiva de los Corregidores dentro de cualquier espacio laboral.
 El despido de dos compañeras que se quejaron en un medio de prensa del “salvaje uso indiscriminado de torpes representaciones de los atributos femeninos” por parte de la empresa, fue el motivo por el que se llevó o se intentó llevar a cabo el mitin.
 Sin duda fue un Corregidor quien puso al tanto a los empresarios de la movilización solidaria de los trabajadores, y entonces, frente a la negativa de retirar a los robots, la lucha se volvió despiadada contra ellos.
 Para ese entonces, yo había escrito mi pedido de modificaciones en mi muñeca, y esperaba absolutamente ansioso los comentarios que Liktor hiciese sobre ellos.
 Pues bien, a mi muñeca la imaginé y después poseí, de la siguiente manera. Es conmovedora la justificación de dichos cambios, no tanto por contener aspectos que hacen a la infancia de otrora, sino por  la ligereza casi perversa con la que pretendo deshacer vestigios de un posible complejo de Edipo, o negación de la importancia constructiva de la mujer en la sensibilidad de cada individuo al crecer y los pilares donde su persona esboce pertenecía o adversidad a condicionantes culturales. Dispuestas de forma lineal, desde su ubicación original hacia abajo, en dos hileras de tres, pedía sin mayores datos, la colocación de seis tetas de tamaño mediano, tirando a pequeño. Sugería el modelo “Tetín austero tipo RK-12”, donde además de su forma clásica piramidal, ofrecía una proporción cincuenta por cien pezón, lo que le daba un aspecto intimidatorio, y por momentos hacía confusa su verdadera esencia, llevándolo a uno a pensar que se encontraba frente a una batería antiaérea. A esto, le agregaba la exigencia de que la articulación de sus rodillas estuviese invertida, de modo de que, una vez zaceado mi apetito, la muñeca se retira replegándose sobre sus pasos y desapareciendo hacia la habitación contigua, evitándome con su presencia reflejar en mi inmediata angustia mis conflictos y vergüenza. Esto era bastante tenebroso, no lo referido a mi estado anímico una vez consumado el acto, sino verle desaparecer a gran velocidad, con el movimiento de las piernas de manera monstruoso, inexpresiva y con la vista apagada, hundirse en la oscuridad del cuarto que la albergaba. Después, el chirriar del ropero y los numerosos golpes de su puerta que obstinadamente ejercían fuerza opuesta a su brazo mecánico.
 No pude conocer los reparos que Liktor hiciera sobre mi muñeca ni sobre mi, pero soy conciente de que serían, sin duda a equivocarme, simplemente geniales.
 Y tampoco me equivocaría sobre lo que esa cabeza de latón encerraba, puesto que nunca lo pude saber, ya que después de una enorme movilización, cuando ya las palabras con la rudimentaria clase dirigente y patrones necios se volvió un sordo arrebato de justificaciones, se introdujo en la boca de cada Corrector un limón o una naranja, sabiéndose de antemano del deterioro irreversible que el ácido cítrico ejercía sobre ellos.
 Pero creo que Liktor era más que un robot. Y pienso además de que nuestra enajenación era para él motivo de objeciones y desencanto acerca de la condición humana, y al contrario de lo que la gran mayoría pensaba de él como delator, era un verdadero amigo que a pesar de su obligado y programado encierro, supo manifestar la gracia y sensibilidad que la mayoría de nosotros ya hace tiempo había perdido.

RV 2016.  

           
  

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