jueves, 20 de marzo de 2025

 


 

"Memorias de un asno audaz."

Colección PUZZLETRAZOS 2023 / 2024.

Capítulo Nº 1: "A la espera de un milagro."

 Permanecí oculto durante más de un día, en igual posición en la que me desvanecí, y por algún motivo extraño, consideré que aquella postura en la que me encontraba, resumía honrosamente mi final, mi destino y mi memoria.

 La detonación nos había tomado por sorpresa, brutal y desproporcionadamente virulenta. Soy un zapatero, ese ha sido mi oficio desde los 14 años; nací en una zapatería, primero fue de mi abuelo del que tengo un hermoso recuerdo y después de mi padre hasta que su salud le obligó a ponerme al frente del negocio con tan solo 19 años...

 Zapatero es mi oficio y del que siento un profundo orgullo, casi tan bondadoso como el de un médico, le doy a las personas el abrigo y la protección de sus pies para caminar... ¿y qué sería la vida sin caminos y caminantes? Estoy algo sensible y así me expreso, muy sensiblemente, y si alguno de ustedes tuviese una vaga idea de cómo me encuentro, me entenderían y probablemente consolarían... porque eso haría yo.

 El hecho es que no siento las piernas y me arde espantosamente la espalda, estoy caído boca abajo sobre mi brazo derecho, y la explosión (venida desde alguna posición de artillería ajustada mediante drones, o quizá un dron suicida),  me arrojó caprichosamente de modo de quedar cual espectador frente a una escena horrorosa.

 Nadie a sobrevivido. Estoy hace muchas horas aquí, y solo recuerdo el angustiante sollozo de mi compañero, minutos después del ataque. A mis espaldas sentí a mi amigo Víctor, y desde ese momento lo di por muerto. Jugaba en un equipo de fútbol de la divisional B y le gustaba cantar... lo hacía muy bien, y me alegraba toda la jornada consumida por la aberración de la guerra pestilente y cruda. Víctor ya no está más, como muchos, como yo tampoco lo estaré, pues con solo intentar moverme, el dolor me escama la piel y siento un calor abrazarme la cintura y es posible que se trate de una pérdida de sangre provocada por mi esfuerzo al contraer los músculos...  

 Cada tanto siento pasar aviones de combate a reacción a muy baja cota, y les siento segundos después de sobrevolarnos... ¿cómo podemos defendernos si ni siquiera les sentimos llegar? El espectáculo de nuestro pequeño vehículo de exploración calcinado y la vegetación convulsionada por el bombardeo, es lo único a lo que puedo acceder desde este ángulo, como un castigo y determinación de la muerte a hacerme entender cuál es mi final ineludible.

 Entonces intento recordar, con los ojos cerrados, a personas que visitan la zapatería, a vecinos del barrio o postales de mi ciudad. Me eludo del escenario salvaje y con olor a combustible quemado, siento la campanilla de entrada, entra un cliente... es mi vecina, se llama Laura, una señora de 60 años aproximadamente, muy afable, la madre de Florencia, compañera del liceo...

-¡Qué mañana hermosa! -Dice a modo de saludo. Yo asiento con la cabeza.

-Me llevo las sandalias de la vitrina, las verdes y blancas.

Las ubico sin verlas y voy por ellas. Son para su hija. Las coloco en su caja y luego el paquete en una bolsa con el logo feo pero familiar del negocio.

-Si no les queda, me las trae y buscamos su número.

-Son 37 y le van a ir bien, la conozco bien. -Me dice sonriente pero con cierto fastidio.

 Tomo el billete azul con una mano mientras con la otro hurgo en el cajón de la caja otro verde, de valor más pequeño para devolverle el vuelto. La caja está vacía y recuerdo haber dejado el cambio en la mesa de la cocina. Mi mirada se deposita en el billete azul, solitario, dentro de un casillero pero todavía contenido en mi mano. Lo observo: en su dorso, la reproducción de un combate del siglo XIX gana casi toda su superficie. Un tipo desde el suelo pide clemencia entre los caídos, entre los que hay caballos, estandartes y cañones desalineados dramáticamente, hacia dos o tres comandantes que, sobre sus caballos y quietos cual estatuas, llevan al cielo sus sables y carabinas. El tipo del suelo aún tiene su mochila táctica puesta, está sobre su fusil que ostenta una bayoneta larga cual espadín. Su perfil me recuerda una vieja foto de mi padre junto a un grupo de compañeros de clase en el liceo. Me resulta perturbador...

 Ahora vuelvo a mi mismo, al charco de sangre donde me encuentro acostado y que está frío, al olor a combustión que me abraza, al sonido de detonaciones en la lejanía, al zumbido de moscas cerca de mi cabeza, a mis labios apoyados sobre la tierra, a la arena crujiendo entre mis dientes...

 

RV 2025