"Memorias de un
asno audaz."
Colección PUZZLETRAZOS 2023 / 2024.
Capítulo Nº 1: "A la espera de un milagro."
Permanecí oculto
durante más de un día, en igual posición en la que me desvanecí, y por algún
motivo extraño, consideré que aquella postura en la que me encontraba, resumía
honrosamente mi final, mi destino y mi memoria.
La detonación nos
había tomado por sorpresa, brutal y desproporcionadamente virulenta. Soy un
zapatero, ese ha sido mi oficio desde los 14 años; nací en una zapatería,
primero fue de mi abuelo del que tengo un hermoso recuerdo y después de mi
padre hasta que su salud le obligó a ponerme al frente del negocio con tan solo
19 años...
Zapatero es mi oficio
y del que siento un profundo orgullo, casi tan bondadoso como el de un médico,
le doy a las personas el abrigo y la protección de sus pies para caminar... ¿y
qué sería la vida sin caminos y caminantes? Estoy algo sensible y así me
expreso, muy sensiblemente, y si alguno de ustedes tuviese una vaga idea de
cómo me encuentro, me entenderían y probablemente consolarían... porque eso
haría yo.
El hecho es que no
siento las piernas y me arde espantosamente la espalda, estoy caído boca abajo
sobre mi brazo derecho, y la explosión (venida desde alguna posición de
artillería ajustada mediante drones, o quizá un dron suicida), me arrojó caprichosamente de modo de quedar
cual espectador frente a una escena horrorosa.
Nadie a sobrevivido.
Estoy hace muchas horas aquí, y solo recuerdo el angustiante sollozo de mi
compañero, minutos después del ataque. A mis espaldas sentí a mi amigo Víctor,
y desde ese momento lo di por muerto. Jugaba en un equipo de fútbol de la
divisional B y le gustaba cantar... lo hacía muy bien, y me alegraba toda la
jornada consumida por la aberración de la guerra pestilente y cruda. Víctor ya
no está más, como muchos, como yo tampoco lo estaré, pues con solo intentar
moverme, el dolor me escama la piel y siento un calor abrazarme la cintura y es
posible que se trate de una pérdida de sangre provocada por mi esfuerzo al
contraer los músculos...
Cada tanto siento
pasar aviones de combate a reacción a muy baja cota, y les siento segundos después
de sobrevolarnos... ¿cómo podemos defendernos si ni siquiera les sentimos
llegar? El espectáculo de nuestro pequeño vehículo de exploración calcinado y
la vegetación convulsionada por el bombardeo, es lo único a lo que puedo
acceder desde este ángulo, como un castigo y determinación de la muerte a
hacerme entender cuál es mi final ineludible.
Entonces intento
recordar, con los ojos cerrados, a personas que visitan la zapatería, a vecinos
del barrio o postales de mi ciudad. Me eludo del escenario salvaje y con olor a
combustible quemado, siento la campanilla de entrada, entra un cliente... es mi
vecina, se llama Laura, una señora de 60 años aproximadamente, muy afable, la
madre de Florencia, compañera del liceo...
-¡Qué mañana hermosa! -Dice a modo de saludo. Yo asiento con
la cabeza.
-Me llevo las sandalias de la vitrina, las verdes y blancas.
Las ubico sin verlas y voy por ellas. Son para su hija. Las
coloco en su caja y luego el paquete en una bolsa con el logo feo pero familiar
del negocio.
-Si no les queda, me las trae y buscamos su número.
-Son 37 y le van a ir bien, la conozco bien. -Me dice
sonriente pero con cierto fastidio.
Tomo el billete azul
con una mano mientras con la otro hurgo en el cajón de la caja otro verde, de
valor más pequeño para devolverle el vuelto. La caja está vacía y recuerdo
haber dejado el cambio en la mesa de la cocina. Mi mirada se deposita en el
billete azul, solitario, dentro de un casillero pero todavía contenido en mi
mano. Lo observo: en su dorso, la reproducción de un combate del siglo XIX gana
casi toda su superficie. Un tipo desde el suelo pide clemencia entre los
caídos, entre los que hay caballos, estandartes y cañones desalineados
dramáticamente, hacia dos o tres comandantes que, sobre sus caballos y quietos cual
estatuas, llevan al cielo sus sables y carabinas. El tipo del suelo aún tiene
su mochila táctica puesta, está sobre su fusil que ostenta una bayoneta larga
cual espadín. Su perfil me recuerda una vieja foto de mi padre junto a un grupo
de compañeros de clase en el liceo. Me resulta perturbador...
Ahora vuelvo a mi
mismo, al charco de sangre donde me encuentro acostado y que está frío, al olor
a combustión que me abraza, al sonido de detonaciones en la lejanía, al zumbido
de moscas cerca de mi cabeza, a mis labios apoyados sobre la tierra, a la arena
crujiendo entre mis dientes...
RV 2025