domingo, 8 de diciembre de 2019


2019 - MonstruariO: capítulo #03 / "Del café que se sirve en tetera"

Del café que se sirve en  tetera,
impregnado de sueños naufragados,
consumado en el tiempo sin espera,
quedan solo recuerdos postergados.

Del café que se sirve en tetera,
su aroma escondido en cortinas,
retratos de mirada austera,
y un misterio de  trombas marinas.

No se sirve ni gusta en demasía,
no se deja caer sobre alfombrados,
se enluta la lluvia que esparcía,
a los muertos que ahora son nombrados.

Del café que se sirve en tetera,
las luciérnagas en espejo mojado,
que a la deriva un navío se esmera,
y sus luces delatan afondado.

Se degusta en silencio y empatía,
comensales de viajes arruinados,
cucharitas en choque y melodía,
como el eco de sueños condenados.

Del café que se sirve en tetera,
de metales que brillan en ocaso,
de sedientas arañas en espera,
dilatando la muerte con su paso.

¡Que me hundan en frío torbellino,
si del trance no he escarmentado!
¡Que se partan las aspas del molino,
 la molienda del café encantado!

Si en tetera el café nos es servido,
y al momento nadie lo ha notado,
que se erice  en trágico chirrido,
cuando el truco nos fue denegado.

Del café que se sirve en tetera,
del café que aún no has tomado,
de la mano que mece la caldera,
y lo vierte cual un cordel ahumado...

Quedan brotes oscuros enchastrando,
el mantel, los cubiertos dispersados,
las borrosas secuelas esperando,
una mano y sus dedos esmerados.

Del café que se sirva en tetera,
de las bocas rodeando porcelanas,
las miradas borrosas en la tela,
las futuras gotitas espontaneas.

RV 2019





  


jueves, 28 de noviembre de 2019


 2019 - MonstruariO: capítulo #02 / "¡Han llegado!"

En pátinas cromáticas de polvo descansan,
troneras de notas de música pomposa:
son jinetes pesados que de a poco alcanzan,
el valle entero en melodía estrepitosa.

 Se aleja en eco de truenos y al galope,
reluce su corno enhiesto y fulgurante:
ha dejado en suspenso melodía resonante,
de que el monarca se hunde tras el golpe.

 Queda flotando la noticia contagiosa,
que omite la trágica desgracia:
desde que la torpe corte ominosa,
en combate perdió toda eficacia.

Los poblados, villas y  aldeas son  movidas,
se destaca en todas sus protestas:
al saber  de las huestes sorprendidas,
y persiguen con la furia de tormentas.

Son apenas murmullos y acordes opacos,
las misivas bien delatadas:
dan por hecho el triunfo de sus soldados
sobre las tropas desalmadas.

RV 2019




lunes, 4 de noviembre de 2019





2019 - MonstruariO: capítulo #01 / "Recio rocío".

Recio rocío,
en manto cuajado escondiendo el hastío,
entre plantas salvajes de un campo baldío,
resisten y acechan en tronco caído.

Recio rocío que espanta artimañas,
complejo coloquio susurra entre sombras:
se expande por valles y esquiva patrañas,
espera asestar un golpe entre obras.

Inmenso y brillante se eleva distante ,
un fuerte de piedras con boca acuciante;
se filtran y erizan entre hojarascas,
legiones de insectos dejando sus marcas...

Recio rocío implacable y tramposo,
reflejos dinámicos y sutiles movimientos,
cicatrices de un áspero sueño mohoso,
adherido a las pinzas de seres hambrientos.

Expectante y tensado cual trampa mecánica,
el fuerte denuncia su sádica carga,
que en letárgico bosque de pálida estática,
se aferra tenaz como poción amarga.   

Recio rocío:
refleja la luna su foco potente,
escapan detalles, mortal componente,
sus cráteres oscos en el vacío.

Son las secuelas de impactos viajeros,
son, a lo lejos, mensajes discretos,
son trayectoria, pasajes certeros,
millones de bestias de pasos concretos.

RV 2019




jueves, 31 de octubre de 2019


 Los Viajes de Pingusio, capítulo #10: "De vuelta a casa"

 Cuando el terreno se volvió tan hegemónico y aburrido debido a planicies inmensas de rocas y arena, Pingusio sintió el deseo de pegar la vuelta, transcurrir las próximas horas de vuelo reordenando recuerdos a vuelo rápido y sin escalas.
 No hubo dudas, y si bien describió una curva abierta y bastante lenta, una vez posesionado en la ruta directa hacia su hogar, el mismo no mermó ni un segundo su dinámica. Pero la cuestión radicaba en ese reordenamiento de experiencias, sus conclusiones y posibles coletazos que pudiesen gravitar sobre sus actos futuros.
 Los datos recabados, al ser compartidos con los miembros de su familia, Oulx, Mangusio, Muki y una recién llegada durante su ausencia a la que llaman "Chiquita", serían a su vez desclasificados y nuevamente ordenados para su posterior consulta.
 Desde la altura, Pingusio vio que los árboles se desparramaban de forma bastante homogénea, formando montes circulares y aislados a distancias similares, entre la arena clara salpicada de piedras oscuras, y en contraste con lo dicho anteriormente, esparcidas de manera absolutamente caprichosa. Pingusio creyó encontrar en aquellos ritmos de texturas y colores que abarcaban todo hasta el horizonte la lectura de su viaje, su traslación en el espacio. Las anécdotas, también contagiadas por el paisaje y colgadas en el tiempo, se mezclaban como hojas de un follaje convulsionado por la tormenta, y se confundían haciendo difícil su conexión.
 Pero este pequeño conflicto que asaltó a Pingusio durante el retorno, en nada alteró sus ansias de contar  todo lo ocurrido una vez en su hogar, pero sí comenzó a minar el colosal muro con el que construyó sus conclusiones. Pensó que en cada historia vivida, él había sido un simple espectador, y que cualquier  fenómeno destacable, una suerte de acontecimiento en el que él no tenía gravitación alguna.
 Un manto verde de prados comenzó, poco a poco, a tragarse la arena y volver el paisaje familiar; luego los valles cubiertos de plantas y recortados por ríos que corrían entre ellos reflejando el cielo anaranjado, contaminado por el atardecer.
 No sin cierto escalofrío, se sintió orgulloso por este vuelo de largo alcance, y el recuerdo de situaciones tenebrosas hacían más formidable esta sensación de regocijo. Vislumbró su comarca, y mantuvo su fabulosa visión en la lejanía, donde un acantilado pedregoso y casi sin vegetación aún estaba iluminado por una franja de luz recortando las cimas geométricas contra el cielo salpicado de estrellas tintineantes.
Así continuó durante casi media hora, sin quitar la mirada de aquel lugar donde  ahora apenas la luz se escapaba haciendo brilloso el contorno de las colinas... ¡No era para menos, Pingusio llegaba a su casa! Vio la ventana de la gran sala abierta y percibió la noche entrando con el aire fresco de los montes fantasmales y el aliento moribundo de la tarde.
 Ya no agitaba las alas, apenas se balanceaba para lograr la dirección deseada, con las alas extendidas y con un planeo que se descubría cada vez más veloz a medida que se acercaba al suelo. Retrajo las alas y puso el cuerpo vertical, aleteó y extendió sus patas de garras aceradas... tocaba suelo sobre una roca a un lado de su casa. Se detuvo, recogió completamente las alas y sin bacilar, se dirigió a la puerta disimulada entre una extensa grieta entre las piedras. El brillos de los ojos de Muki, el perro silencioso y de porte tenebroso, se dispararon en la oscuridad de la sala, aún poco iluminada como si no se hubiese enterado que anochecía. Sintió pasos que venían a su encuentro... la voz de Oulx, alegre, decir su nombre: "¡Pingusio!"...
 Creyó ya haber vivido aquel momento, y cuando esta idea le reproducía un escenario supuestamente vivido como el recuerdo de un sueño, entre sus familiares vio a una extraña que dedujo sería "La Chiquita". Entonces volvió al formato del explorador aventurero, y se salía de sí mismo por empezar a contar cada cosa vivida...
 Había flores en un recipiente negro, tan oscuro que parecían flotar en el aire. Esto también era nuevo.

RV 2019