viernes, 27 de marzo de 2026

 

"Memorias de un asno audaz."

Colección PUZZLETRAZOS 2023 / 2024

Capítulo Nº 6: "Leónidas."

 Cuando Leónidas Capster se enfrentó a la heladera del supermercado, los colores de tantos productos se disiparon hacia los costados como un mosaico desalineado y fundido en reflejos. Sabía lo que buscaba pero se mantuvo quieto, abortando la operación cotidiana de precisión en la  que tomaba una caja de yogurt con arándanos, y como avergonzado, rápidamente  la depositaba en escuadra a un ángulo del carrito. No lo hizo, una fuerza lo detuvo, y en la contemplación desenfocada que no se sabía bien para donde apuntaba, su caja de yogurt se mezcló en una suerte de pantalla cromática derretida, mientras el frío poco a poco se hacía sentir a esa distancia.

 Entonces vio dos manchas oscuras que se acercaron abruptamente por sus flancos. No las miró, pero las sintió tan cercanas que escuchó la respiración carrasposa de uno de aquellos individuos con los que había sufrido pesadillas a últimamente.

-¿Señor Leónidas Capster?  Está usted detenido por ser sospechoso del asesinato del señor Osvaldo Lumenier y la señora... la señora Frida Domínguez. -Así habló uno de ellos, el de la voz carrasposa. Leónidas dudó en tomar la caja de yogurt y depositarla en el carrito, pero entendió que podría ser tomado como una desobediencia, o peor aún, un acto de rebeldía del que después vendría un empujón, una corrida... Pero una mano le tomó por el codo derecho antes de que se desprendiera de estas conjeturas divagadas y temerarias. Quiso ir por la derecha pero se topó con el tipo estático, y comprendió que era hacia la izquierda que estaba la salida. No miró a nadie, porque nunca lo hacía, pero sí notó la quietud absoluta de todos dentro del recinto, y buscó la luz que venía desde la entrada, dejando atrás corredores cargados de paquetes, niños curiosos y personas congeladas.

 Para su detención había tres autos, uno de policía y dos sin distintivos. Lo introdujeron en el del medio. Dentro había dos tipos, uno al volante que fumaba, y otro con una radio, con uniforme de policía y grados de sargento.

 Partieron en silencio y Leónidas parecía una figurita de plástico como la que representa a un soldadito en un juguete. No miraba  nada pero veía todo: la brutal ofensa de su mejor amigo, la falsedad de su señora, la cofradía infame que lo llevó hasta allí.

 En la sala de interrogatorio, Leónidas permaneció sentado, siempre con las manos juntas y los puños apretados, estático e inexpresivo. No se había quitado el tapado ni el sombrero. No había sido necesario esposarlo. Una luz potente dominaba la sala, bastante amplia y muy limpia. Una mesa en el centro con sillas y tres ventanas tan grandes como cada pared dominando tres lados menos el de la puerta, que quedaba a su espalda. Notó inscripciones en la mesa "Cholo", "Vino ser" (o algo por el estilo), un "20456" que delataría una fecha... Pensó bajo qué condiciones alguien pudo escribirlas siendo aquel un lugar de tan estricta vigilancia, o imaginar el estado mental de quien se atrevió a algo así estando en un lugar que no era deseado por nadie.

-Señor Leónidas -le dijo el tipo que estaba delante de él y al que no le había prestado atención alguna. La pausa se mantuvo congelada en la sala.

-Sabemos por diferentes testimonios recabados de que usted tuvo implicancia directa en la muerte del señor Lumenier y la señora... Frida, la señora Frida Domínguez...

La pausa fue breve, porque el acuso asintió con la cabeza.

-¿Entonces usted, fue el culpable del doble asesinato? -Preguntó ya sin tapujos el Inspector de la Seccional, sabiendo que en frente tenía a uno de los matemáticos más reconocidos del planeta, y del que toda la ciudad sentía un reconocimiento y admiración que no tenía comparación con ninguna celebridad del país.

Nuevamente asintió con la cabeza.

El Inspector ordenó con un simple cabeceo que se presentara el juez y otros funcionarios y se le tomara declaración. El caso estaba ya resuelto con abrumadoras evidencias.

No hubo nadie dentro de la Comisaría que no quedase perturbado por lo acontecido, y que no se preguntase cómo alguien tan fríamente calculador, podría haber cometido tantos errores en un asesinato sin tomar el más mínimo recaudo para eliminar evidencias o tapar pruebas con estrategias mínimamente desconcertantes.

 Pero dentro de su cabeza enredada en logaritmos y ecuaciones matemáticas, en la abstracción que parecía encandilar sus sentimientos, aquel había sido un acto absolutamente humano, sincero y directo... Él asesinó a su esposa Frida y a Osvaldo, su mejor amigo, estaba más que claro, no había engaños como los que ellos le habían perpetrado.

 Cuando Leónidas sintió que lo llevarían a una celda, pensó que allí sería el momento oportuno y el lugar correcto donde llora. Entonces miró sus puños, y absolutamente confundido e intrigado se preguntó cuándo había tomado aquel paquete de sal que llevaba apretado entre las manos.

 ("Retractos".)

RV 2026


 

 

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