jueves, 26 de marzo de 2026

"Memorias de un asno audaz."

Colección PUZZLETRAZOS 2023 / 2024

Capítulo Nº 5: "Encrucijada."

 Hablaron extensamente sobre datos precisos, y confiaron su suerte a la mediocre experiencia compartida de un hallazgo fortuito acontecido hacía ya más de diez años. "Si no les fallaba la memoria", decían cada vez que un vacío ganaba sus planteos, todo indicaría que sobre aquel sitio encontrarían restos fósiles de cual o tal animal. Al abordaje profesional se le sumaba de manera torpe un desafío casi infantil que por momentos volvía contradictorio cada movimiento, pero juntos, daban impulso a la empresa con la energía y expectativa dignas de un descubrimiento.

 Las horas transcurrían entre charlas ajenas a su profesión, absurdas y rayanas a la construcción popular acerca de temas banales y desprovistos de confirmación alguna. Se iniciaba con una anécdota que contrastaba con otra similar pero opuesta, se caía en exabruptos y se volvía sobre el hilo conductor que en un momento argumentaba una hazaña, simple y a veces grotesca, que no escaba de un barrio y su entorno.

  En ocasiones, el entusiasmo y denodado empecinamiento a encontrar lo capturado por la geología les otorgaba energía adicional capaz de someterles a condiciones climáticas fuertes, en posturas incómodas, y con la energía propia de un atleta.  

 Observaban, se adentraban en los sedimentos y no dejaban de observar... las especulaciones contrastaban con los hechos sobre el terreno en tiempo real, y las cerdas de los pinceles delataban nuevas cicatrices, betas y extrañas formas que sugerían algo.

 Observaban y eran observados. Se movían como insectos sobre un punto en el suelo al que escudriñaban celosamente sin dejar pasar detalles y anotando en la memoria lo visto.

 La tarde los abrazó y se reunieron con el tesoro de esas horas de trabajo que los conduciría a toparse con los restos fósiles soñados en un cofre de arena y piedras sellado en el tiempo...

 Al cenar y ocultarse en sus capullos de tela, quedarían danzando imágenes panorámicas a escala inmensa, donde una grieta era colina, y una zanja una quebrada... y por allí, barriendo el paisaje obsesivamente, los hombres insecto buscando lo oculto bajo sus pies, en un tiempo compactado en un mosaico, y con la esperanza de exhibirlo cual escultura.

 

RV 2026


 

 

martes, 24 de marzo de 2026

 

"Memorias de un asno audaz."

Colección PUZZLETRAZOS 2023 / 2024

Capítulo Nº 4: "Un hombre, un niño, dos perros y un naufragio."

 Tras las huellas oscuras que surcaban la arena, las palabras de la conversación entre Joaquín y su padre, flotaban sobre la espuma de las olas que estallaban en la costa. El ruido tapaba el graznar de las aves y se mezclaba con el viento, y a intervalos se esparcían con el zumbido del agua al retirarse de la orilla.

 -¿Qué fue de la gente que venía en estos barcos, o lo que queda de ellos por la costa? -Preguntó Joaquín.  Sobre parte del agua, sobresalían trozos de antiguos naufragios que aun persistían al tiempo, e incluso se habían transformado en puntos de referencia para los pobladores.

-Bueno, quienes lograron salvarse del naufragio, o se quedaron a vivir por estas latitudes, o buscaron la forma de volver a su tierra... -Respondió con tono triste su padre.

-¿Como la abuela?

-Sí, como la abuela...

 Los perros corrían y comenzaron a ladrar sobre un punto en la lejanía, delante de ellos, como si hubiesen encontrado algo inesperado.

-La abuela nunca pudo volver... -Comentó el niño.

 Era cierto, y también lo era el hecho de que en vano esperó la ocasión para volverse a su pueblo con la gente que conocía desde niña. Ella había acompañado a su padre en un viaje que tan solo duraría tres meses, donde instalaría una máquina para una empresa con muchos años,  pero que se modernizaría con la nueva tecnología. Veinte días de travesía y cuarenta de trabajo, luego, el retorno casi inmediato a su país. Pero todo fue diferente desde el momento en que se oscureció repentinamente el cielo de aquella mañana, estando a pocas millas de la costa; el mar se agitó y las olas en complicidad del viento se tornaron desproporcionadamente brutales, arrastrando a la goleta en la que viajaban a estrellarse contra las piedras de un acantilado. Ella, Alba, se salvó de milagro, aferrada a un baúl; su padre apareció tres días después, enredado entre las algas y restos de madera del accidente, en una orilla plana y prácticamente recta. Luego conoció a su pareja, vinieron los hijos y la familia desintegró el mosaico meticulosamente armado por ella donde volvía con todos ellos a su pueblo.

 Llegados al punto donde los perros ladraban, el hombre con el niño no encontraron nada más que trazas de agua en un pozo, y marcas elocuentes de que alguna criatura se había arrastrado hasta ganar el mar, sumergirse, y probablemente adentrarse en el agua fría de aquel océano infernal.

-Ya se ha ido. -Una voz fuerte y de extrañas vibraciones vino desde atrás, les sobresaltó de improviso, y al girarse con cautela descubrieron una enorme ave que estaba parada frente a ellos. El asombro les impulsó a abrazarse fuertemente, mientras el padre de Joaquín, Pablo, lo empujaba lentamente para atrás como intentando resguardarlo. Los perros apenas se movían sobre sí mismos, apuntando la cabeza en una y otra dirección inquietamente y acongojados en un sollozo casi imperceptible. Permanecieron frente a la criatura desproporcionada e inexpresiva,  tan estática que solo las plumas movidas por el viento, y su enorme ojo con el que los miraba, brilloso y rojizo, delataban un atisbo de vida.

-Se fueron, -continuó, -las tortugas son pobladores frecuentes de este estuario, desde hace mucho tiempo viven aquí, luego se van... vuelven...

-¿Cómo? -Dejó escapar el niño. Su padre lo aferró con fuerza al sentirle, tan absorto por la sorpresa que apenas le sacaba los ojos de encima al pájaro gigante.

-Vuelven... se van... regresan... Esto forma parte de un ciclo natural y por momentos algo monótono, para quién lo ve como un espectador, claro.

-Y vos... nunca te vimos por esta playa, ¿de dónde venís... porqué sos tan grande? -Volvió a preguntar Joaquín, con tanta curiosidad que el miedo se le había quedado atrás, como un segundo espectador sumiso e impávido.

-Siempre estuve aquí, desde hace tiempo como al que ustedes llaman siglos. -Pablo estaba estático sin dejar de apretar a su hijo contra él, como si una ola se lo quisiera llevar a las entrañas del mar oscuro. Los perros, poco a poco se estiraban para olfatear con mayor certeza al pajarraco parlante.

-No me ven porque mi vuelo es extremadamente rápido en proporción a sus movimientos; un aleteo mío, simplemente representaría más de una década de vida de ustedes...

-¿Pero cómo? -Dijo Pablo, más que preguntando, demandando una explicación que se cernía trágica en un panorama de esas proporciones.

-Estas aguas... -Dejó escapar el ave, y de inmediato en el reflejo de su retina asomó una mancha oscura e imprecisa, en movimiento tosco y segmentado. Entonces el pájaro miró por sobre los hombres y los perros, y se enfocó en el mar, tras ellos pero no muy distante de la orilla. Pablo y su hijo se voltearon lentamente, como si volviesen de un amargo transe que inició de igual modo, tornándose hacia lo desconocido y atormentador.

 ¡Y allí la vieron, allí estaba! Una hermosa goleta fuertemente escorada y sacudida por las olas, herida por la tormenta y descompuesta por la tempestad que unas horas antes la había arrastrado a la orilla, entre piedras musgosas y astillas de madera.

-Esta es la "Doña Matilda", naufragó hace décadas, a veces vuelve, como tantas otras naves. Buscan a sus ocupantes, permanecen un tiempo en la costa y luego se adentran en el océano sin rumbo cierto, porque no se atreven a volver a su lugar de origen vacías, sin la voz de la gente y sin tesoros, por más simples y humildes que estos sean.

-Doña Matilda... -Apenas pronunció Pablo, pasmosamente desfigurado por el asombro de aquella escena... -En esta nave vino mi abuela... ¿por qué no la esperó si ella quería irse de vuelta?

 El pajarraco comenzó a marchar suavemente sobre la orilla, a zancadas lentas pero imponentes. El hombre soltó a su hijo y en una corrida buscó la mirada del ave, para volver a increparle lo mismo.

-¿Por qué no esperó a mi abuela si ella se quería ir de aquí y volver a su pueblo?

El ave se detuvo y permaneció mirándoles un rato. En el reflejo de su ojo no era posible entender sobre quienes hacía foco en particular, eran una escena basta, con paisaje de mar y colinas, animales, cielo y viento...

 Se fue en pasos lentos pero abrumadoramente grandes, que de inmediato lo ubicó a cientos de metros de ellos, pasando una ladera sinuosa que moría en la costa, detrás de rocas puntiagudas y negras, desapareció dejando al cielo pesadamente apoyado sobre el horizonte brumoso.

 Ni pablo, ni su hijo Joaquín, ni los perros desviaron su curso. Continuaron la caminata que cada tanto encontraba una fuerte pisada que el gran pájaro había dejado en su paseo, que no iba en línea recta, porque describía un zigzagueo evidente al contemplarse a medida que ellos avanzaban.

 La goleta había desaparecido mar adentro, y el hombre, el niño y los perros estaban lejos de allí cuando se perdió en el majestuoso manto de agua que se unía al firmamento relampagueante.

 Nunca se volvieron atrás para contemplar su partida y desaparición, porque ya se había ido hace mucho tiempo.

 

 RV 2026


 

lunes, 29 de diciembre de 2025

 

"Memorias de un asno audaz."

Colección PUZZLETRAZOS 2023 / 2024

Capítulo Nº 3: "La magia de la música."

 Al resplandor enceguecedor que cuajó el desierto en rápido ascenso de temperatura, las nubes encerraron a la atmósfera húmeda y eléctrica como una enorme masa potente e invisible que todo lo aplastaba. Poco a poco el cielo se tiñó de rojo, y brutales truenos y relámpagos llenaron los espacios vacíos del espacio como un golpe de gracia que sentenciaba a aquel paraje árido a un destino monstruoso.

 Apenas unas líneas de arena se movían ondeando la planicie con esmerada agilidad, sorteando rocas y peinando dunas.

 A lo lejos, una extraña figura se veía flotar entre nubes de arena, y posiblemente, el agua de la lluvia que desde el horizonte avanzaba como un ejército oculto tras un camuflaje perfecto. El individuo parecía moverse arbitrariamente, pero a medida que el tiempo transcurría, se acercaba certeramente hacia la gran llanura del desierto, donde no había piedras ni desniveles  profundos.

 La tormenta era atravesada por hilos de melodías escapadas desde aquella criatura inquietante, pero que no era arrastrada por el viento ni silenciada por los truenos. Ya en medio de la planicie, donde asombrosamente las nubes se habían disipado dejando un claro por donde la luz del sol traspasaba las cortinas de agua y arena, se sintió con claridad la música...

 Aquella criatura, ostensiblemente pesada, se deslizaba a menos de noventa centímetros del suelo, y aferraba un extraño instrumento que soplaba cada tanto, pero que no dejaba de emitir notas en ningún momento. Su ejecución era brillante y alegre, parecía embrujar  al clima y liberar su naturaleza caprichosa y hermosamente feroz.

 Nunca se detuvo ni desvió su curso por motivo alguno, se presentó así, pesadamente levitante y toscamente alegre. La música amoldaba las ráfagas de viento y lluvia como cortinas ligeras mecidas por su movimiento, claramente una melodía ganaba relevancia y un contrapunto mágico era emitido por la tormenta lejana, aunque era todo demasiado confuso como para creer que algo así fuese posible con un instrumento que apenas enseñaba una mínima digitación y a lo sumo dos octavas.

 Pero así cortó la atmósfera sin respeto y también la cicatrizó con la maestría de un cirujano. Se perdió en el horizonte y la tormenta roja se trasladó en su dirección pero muy distante. Era evidente desde cualquier ángulo notar que la arena se oscurecía por el agua, pero cada vez a mayor distancia del músico, y si las nubes no le perseguían en oscuridad cerrada y casi azul, igualmente no se abría el cielo para que pase la luz.

 Se dejó de oír la melodía minutos después de que el personaje desapareciera en un diminuto punto negro entre el cielo y la tierra, muy lejos de todo, pero omnipresente desde bajo la arena hasta el firmamento compacto sin estrellas.

 RV 2025

 

 

 

jueves, 14 de agosto de 2025

 

"Memorias de un asno audaz."

Colección PUZZLETRAZOS 2023 / 2024.

Capítulo Nº 2: "Tanj-Grib"

  Los extraños laberintos y peculiares galerías que de forma caprichosa recorren las cadena montañosa  de Tanj-Gribv, confinan cualquier estrategia de movimiento a un camino sin salida.

 La osadía de varios guerreros que desafiaron su tenebrosa estructura, es hoy un recuerdo vago y poco presente en las poblaciones cercanas a esta vasta zona penosamente árida.

  Pero hubo uno, entre todos ellos, que dejó en evidencia el verdadero motivo de quienes allí se adentraban de forma tan salvaje y arriesgada. Alguien que hasta ese momento había premeditado a detalle su empresa, y tuvo la fortuna de regresar para develar el misterio que envolvía a todas las rocas y piedras que allí se esparcían majestuosamente.

 Pinpalín Arcángel Rojo, así se hacía llamar, aunque muchos lo conocían en su aldea y comarcas vecinas, y sabían que ese no era su nombre. Pinpalín no se destacaba por  su porte ni tamaño, apenas podía ser considerado un simple escudero, pero cuando se adentró en la gran boca de las colinas que precedían a las laderas rocosas, sin voltearse nunca ni enlentecer su paso, aquellos que le observaban quedaron impresionados por su gallardía y determinación, y no le sacaron los ojos de encima hasta que desapareció detrás de una hilera de cipreses concentrados a un lado del oscuro camino que se incrustaba entre las montañas.

-¡Pinpalín, ¿qué absurda idea te arrastra a una empresa tan siniestra? -Le gritaba a lo lejos una señora gorda, que contenía una cesta de flores blancas en una de sus manos.

-¿Quién frenará a este iluso? -Preguntaba un joven a la muchedumbre que lo ignoraba sin dejar de contemplar absortos la marcha del pequeño caballero.

 Entonces la vida prosiguió, y poco a poco el recuerdo de Pinpalín alejándose de la aldea, se fue diluyendo entre sus pobladores. Pinpalín era uno más entre tantos que se había atrevido a desafiar a las montañas de Tanj-Gribv, y su arrogancia le hacía pagar con el olvido y un final oscuro.

 

 

RV 2025

jueves, 20 de marzo de 2025

 


 

"Memorias de un asno audaz."

Colección PUZZLETRAZOS 2023 / 2024.

Capítulo Nº 1: "A la espera de un milagro."

 Permanecí oculto durante más de un día, en igual posición en la que me desvanecí, y por algún motivo extraño, consideré que aquella postura en la que me encontraba, resumía honrosamente mi final, mi destino y mi memoria.

 La detonación nos había tomado por sorpresa, brutal y desproporcionadamente virulenta. Soy un zapatero, ese ha sido mi oficio desde los 14 años; nací en una zapatería, primero fue de mi abuelo del que tengo un hermoso recuerdo y después de mi padre hasta que su salud le obligó a ponerme al frente del negocio con tan solo 19 años...

 Zapatero es mi oficio y del que siento un profundo orgullo, casi tan bondadoso como el de un médico, le doy a las personas el abrigo y la protección de sus pies para caminar... ¿y qué sería la vida sin caminos y caminantes? Estoy algo sensible y así me expreso, muy sensiblemente, y si alguno de ustedes tuviese una vaga idea de cómo me encuentro, me entenderían y probablemente consolarían... porque eso haría yo.

 El hecho es que no siento las piernas y me arde espantosamente la espalda, estoy caído boca abajo sobre mi brazo derecho, y la explosión (venida desde alguna posición de artillería ajustada mediante drones, o quizá un dron suicida),  me arrojó caprichosamente de modo de quedar cual espectador frente a una escena horrorosa.

 Nadie a sobrevivido. Estoy hace muchas horas aquí, y solo recuerdo el angustiante sollozo de mi compañero, minutos después del ataque. A mis espaldas sentí a mi amigo Víctor, y desde ese momento lo di por muerto. Jugaba en un equipo de fútbol de la divisional B y le gustaba cantar... lo hacía muy bien, y me alegraba toda la jornada consumida por la aberración de la guerra pestilente y cruda. Víctor ya no está más, como muchos, como yo tampoco lo estaré, pues con solo intentar moverme, el dolor me escama la piel y siento un calor abrazarme la cintura y es posible que se trate de una pérdida de sangre provocada por mi esfuerzo al contraer los músculos...  

 Cada tanto siento pasar aviones de combate a reacción a muy baja cota, y les siento segundos después de sobrevolarnos... ¿cómo podemos defendernos si ni siquiera les sentimos llegar? El espectáculo de nuestro pequeño vehículo de exploración calcinado y la vegetación convulsionada por el bombardeo, es lo único a lo que puedo acceder desde este ángulo, como un castigo y determinación de la muerte a hacerme entender cuál es mi final ineludible.

 Entonces intento recordar, con los ojos cerrados, a personas que visitan la zapatería, a vecinos del barrio o postales de mi ciudad. Me eludo del escenario salvaje y con olor a combustible quemado, siento la campanilla de entrada, entra un cliente... es mi vecina, se llama Laura, una señora de 60 años aproximadamente, muy afable, la madre de Florencia, compañera del liceo...

-¡Qué mañana hermosa! -Dice a modo de saludo. Yo asiento con la cabeza.

-Me llevo las sandalias de la vitrina, las verdes y blancas.

Las ubico sin verlas y voy por ellas. Son para su hija. Las coloco en su caja y luego el paquete en una bolsa con el logo feo pero familiar del negocio.

-Si no les queda, me las trae y buscamos su número.

-Son 37 y le van a ir bien, la conozco bien. -Me dice sonriente pero con cierto fastidio.

 Tomo el billete azul con una mano mientras con la otro hurgo en el cajón de la caja otro verde, de valor más pequeño para devolverle el vuelto. La caja está vacía y recuerdo haber dejado el cambio en la mesa de la cocina. Mi mirada se deposita en el billete azul, solitario, dentro de un casillero pero todavía contenido en mi mano. Lo observo: en su dorso, la reproducción de un combate del siglo XIX gana casi toda su superficie. Un tipo desde el suelo pide clemencia entre los caídos, entre los que hay caballos, estandartes y cañones desalineados dramáticamente, hacia dos o tres comandantes que, sobre sus caballos y quietos cual estatuas, llevan al cielo sus sables y carabinas. El tipo del suelo aún tiene su mochila táctica puesta, está sobre su fusil que ostenta una bayoneta larga cual espadín. Su perfil me recuerda una vieja foto de mi padre junto a un grupo de compañeros de clase en el liceo. Me resulta perturbador...

 Ahora vuelvo a mi mismo, al charco de sangre donde me encuentro acostado y que está frío, al olor a combustión que me abraza, al sonido de detonaciones en la lejanía, al zumbido de moscas cerca de mi cabeza, a mis labios apoyados sobre la tierra, a la arena crujiendo entre mis dientes...

 

RV 2025