martes, 24 de marzo de 2026

 

"Memorias de un asno audaz."

Colección PUZZLETRAZOS 2023 / 2024

Capítulo Nº 4: "Un hombre, un niño, dos perros y un naufragio."

 Tras las huellas oscuras que surcaban la arena, las palabras de la conversación entre Joaquín y su padre, flotaban sobre la espuma de las olas que estallaban en la costa. El ruido tapaba el graznar de las aves y se mezclaba con el viento, y a intervalos se esparcían con el zumbido del agua al retirarse de la orilla.

 -¿Qué fue de la gente que venía en estos barcos, o lo que queda de ellos por la costa? -Preguntó Joaquín.  Sobre parte del agua, sobresalían trozos de antiguos naufragios que aun persistían al tiempo, e incluso se habían transformado en puntos de referencia para los pobladores.

-Bueno, quienes lograron salvarse del naufragio, o se quedaron a vivir por estas latitudes, o buscaron la forma de volver a su tierra... -Respondió con tono triste su padre.

-¿Como la abuela?

-Sí, como la abuela...

 Los perros corrían y comenzaron a ladrar sobre un punto en la lejanía, delante de ellos, como si hubiesen encontrado algo inesperado.

-La abuela nunca pudo volver... -Comentó el niño.

 Era cierto, y también lo era el hecho de que en vano esperó la ocasión para volverse a su pueblo con la gente que conocía desde niña. Ella había acompañado a su padre en un viaje que tan solo duraría tres meses, donde instalaría una máquina para una empresa con muchos años,  pero que se modernizaría con la nueva tecnología. Veinte días de travesía y cuarenta de trabajo, luego, el retorno casi inmediato a su país. Pero todo fue diferente desde el momento en que se oscureció repentinamente el cielo de aquella mañana, estando a pocas millas de la costa; el mar se agitó y las olas en complicidad del viento se tornaron desproporcionadamente brutales, arrastrando a la goleta en la que viajaban a estrellarse contra las piedras de un acantilado. Ella, Alba, se salvó de milagro, aferrada a un baúl; su padre apareció tres días después, enredado entre las algas y restos de madera del accidente, en una orilla plana y prácticamente recta. Luego conoció a su pareja, vinieron los hijos y la familia desintegró el mosaico meticulosamente armado por ella donde volvía con todos ellos a su pueblo.

 Llegados al punto donde los perros ladraban, el hombre con el niño no encontraron nada más que trazas de agua en un pozo, y marcas elocuentes de que alguna criatura se había arrastrado hasta ganar el mar, sumergirse, y probablemente adentrarse en el agua fría de aquel océano infernal.

-Ya se ha ido. -Una voz fuerte y de extrañas vibraciones vino desde atrás, les sobresaltó de improviso, y al girarse con cautela descubrieron una enorme ave que estaba parada frente a ellos. El asombro les impulsó a abrazarse fuertemente, mientras el padre de Joaquín, Pablo, lo empujaba lentamente para atrás como intentando resguardarlo. Los perros apenas se movían sobre sí mismos, apuntando la cabeza en una y otra dirección inquietamente y acongojados en un sollozo casi imperceptible. Permanecieron frente a la criatura desproporcionada e inexpresiva,  tan estática que solo las plumas movidas por el viento, y su enorme ojo con el que los miraba, brilloso y rojizo, delataban un atisbo de vida.

-Se fueron, -continuó, -las tortugas son pobladores frecuentes de este estuario, desde hace mucho tiempo viven aquí, luego se van... vuelven...

-¿Cómo? -Dejó escapar el niño. Su padre lo aferró con fuerza al sentirle, tan absorto por la sorpresa que apenas le sacaba los ojos de encima al pájaro gigante.

-Vuelven... se van... regresan... Esto forma parte de un ciclo natural y por momentos algo monótono, para quién lo ve como un espectador, claro.

-Y vos... nunca te vimos por esta playa, ¿de dónde venís... porqué sos tan grande? -Volvió a preguntar Joaquín, con tanta curiosidad que el miedo se le había quedado atrás, como un segundo espectador sumiso e impávido.

-Siempre estuve aquí, desde hace tiempo como al que ustedes llaman siglos. -Pablo estaba estático sin dejar de apretar a su hijo contra él, como si una ola se lo quisiera llevar a las entrañas del mar oscuro. Los perros, poco a poco se estiraban para olfatear con mayor certeza al pajarraco parlante.

-No me ven porque mi vuelo es extremadamente rápido en proporción a sus movimientos; un aleteo mío, simplemente representaría más de una década de vida de ustedes...

-¿Pero cómo? -Dijo Pablo, más que preguntando, demandando una explicación que se cernía trágica en un panorama de esas proporciones.

-Estas aguas... -Dejó escapar el ave, y de inmediato en el reflejo de su retina asomó una mancha oscura e imprecisa, en movimiento tosco y segmentado. Entonces el pájaro miró por sobre los hombres y los perros, y se enfocó en el mar, tras ellos pero no muy distante de la orilla. Pablo y su hijo se voltearon lentamente, como si volviesen de un amargo transe que inició de igual modo, tornándose hacia lo desconocido y atormentador.

 ¡Y allí la vieron, allí estaba! Una hermosa goleta fuertemente escorada y sacudida por las olas, herida por la tormenta y descompuesta por la tempestad que unas horas antes la había arrastrado a la orilla, entre piedras musgosas y astillas de madera.

-Esta es la "Doña Matilda", naufragó hace décadas, a veces vuelve, como tantas otras naves. Buscan a sus ocupantes, permanecen un tiempo en la costa y luego se adentran en el océano sin rumbo cierto, porque no se atreven a volver a su lugar de origen vacías, sin la voz de la gente y sin tesoros, por más simples y humildes que estos sean.

-Doña Matilda... -Apenas pronunció Pablo, pasmosamente desfigurado por el asombro de aquella escena... -En esta nave vino mi abuela... ¿por qué no la esperó si ella quería irse de vuelta?

 El pajarraco comenzó a marchar suavemente sobre la orilla, a zancadas lentas pero imponentes. El hombre soltó a su hijo y en una corrida buscó la mirada del ave, para volver a increparle lo mismo.

-¿Por qué no esperó a mi abuela si ella se quería ir de aquí y volver a su pueblo?

El ave se detuvo y permaneció mirándoles un rato. En el reflejo de su ojo no era posible entender sobre quienes hacía foco en particular, eran una escena basta, con paisaje de mar y colinas, animales, cielo y viento...

 Se fue en pasos lentos pero abrumadoramente grandes, que de inmediato lo ubicó a cientos de metros de ellos, pasando una ladera sinuosa que moría en la costa, detrás de rocas puntiagudas y negras, desapareció dejando al cielo pesadamente apoyado sobre el horizonte brumoso.

 Ni pablo, ni su hijo Joaquín, ni los perros desviaron su curso. Continuaron la caminata que cada tanto encontraba una fuerte pisada que el gran pájaro había dejado en su paseo, que no iba en línea recta, porque describía un zigzagueo evidente al contemplarse a medida que ellos avanzaban.

 La goleta había desaparecido mar adentro, y el hombre, el niño y los perros estaban lejos de allí cuando se perdió en el majestuoso manto de agua que se unía al firmamento relampagueante.

 Nunca se volvieron atrás para contemplar su partida y desaparición, porque ya se había ido hace mucho tiempo.

 

 RV 2026


 

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