miércoles, 4 de febrero de 2015

Historias aberrantes - Capítulo #9: "Tras sus huellas..."


 En ágil carrera se empaña contra vidrieras y celosías inquietas, ilusión perenne, estática por momentos, inmersa en la más absoluta desconfianza. Tras ella se alza cual ola la adiposa  presencia de quien lo vio todo y exige una respuesta... La mujer deja atrás pueblos y bañados que diseminados por el mapa apenas se señalan con diminutas  salpicaduras de tinta.
 La costa, allí encontrará refugio y consuelo. "Soñada costa a cualquier costo." Por el momento solo basta con protegerse a sí misma y mantener su conciencia silenciosa, como un baúl que esconde recuerdos tormentosos deducibles en detalles sutiles pero precisos.
 En su obsoleto nimbo se esparce una flagrante rebeldía que la impulsa a sostener los motivos de un desenlace tan funesto. "Lo quité de mi camino, pesado y brutal escollo que atormentaba mis sueños y postraba mi vida en torpes, egoístas concesiones."
 Escapó ilesa de su propio pánico y descubrió, al cerrar postigos y puertas, que siempre había sido terca en su delicadeza, como flores crecidas enmarañadas entre ramas y espinas.
 Vidrieras y celosías inquietas indagan, se mueven y persiguen como abejas, una obsesión que en remolinos escapa al tráfico compulsivo.
 "Tras tus huellas, porque desde mi ventana vi lo que hiciste."
 Transcurridos varios kilómetros, el cigarro húmedo entre los labios y sin encender, la trajeron al sollozo que el error peina entre los escombros de su plan. "¿Un error? ¿Fue un error no encender la estufa a leña?" Comprende que debe ser corregido, como un tutor a una planta, es necesario rectificar lo que ha quedado suspendido en el devenir de las horas, quizás días...
 Vuelve sobre sus pasos, en vertiginosa maniobra que la mecánica avala. Cambia de senda, tan repentinamente que cruza a su perseguidor que ignora el fugaz encuentro.
 El tiempo le hará comprender que, por algún fenómeno nunca advertido, perdió el rastro de su presa, y ahora la noche lo envuelve entre destellos de la carretera. El hombre siente la burla y el odio en el medidor del combustible que ha bajado al mínimo. Piensa, a un lado de la carretera, piensa. Cree que alguien como aquella mujer, aventurada a una empresa premeditada y tan arriesgada, pudo haber previsto lo sucedido; donde un casual testigo la persiguió conciente de que un error por donde a través de una ventana presenció un asesinato, quedaría relegado al olvido fantasmal de aquella carrera, al fijar sus atención donde no debía fijarla.

RV 2015

martes, 30 de diciembre de 2014

Historias aberrantes - Capítulo #8: "El arma secreta".
 Absorto en pensamientos sobre lo que haría una vez de vuelta a casa, un penetrante silbido me obligó a incorporarme desde mi relajada posición improvisada en la santa bárbara. Permanecí un par de segundos como una escuadra haciendo equilibrio sobre mi trasero, con las piernas extendidas hacia adelante y con el tronco flotando como una boya, al tiempo que estiraba los brazos intentando ir tras mis pies, sin dejarme caer hacia atrás e implorando sujetarme de algo como un bebé. El silbido sonó de nuevo, e intuí que algo inquitante ocurría.
 Rápidamente salí de entre las entrañas de bordes bruñidos del blindado, con la naturalidad de un animal que sale de su cueva. Sobre el resplandor cegador de la arena, encontré al Sargento Támaro corriendo en sentido de la carpa. No tuve tiempo ni energía de preguntarle nada, un zumbido áspero y metálico revolvía el calor en el denso aire desértico.
-¡Pornaro, vuélvase! -Me gritó el Teniente desde la puerta de la tienda. Vi al Sargento introducirse y despertar a los demás tripulantes con movimientos enérgicos.
-¡Que se de vuelta! -Volvió a gritarme. Por instinto a una orden  giré sobre mis pies con flojera y torpeza, esperando darle sentido a lo que creía que me decía el comandante de carro. El sol me impactó en la vista con un potente resplandor, y aunque hice esfuerzos por intentar fijar mi atención en la gigantesca sombra que por el firmamento y a baja altura flotaba, permanecí cubriendo mis ojos que sentía quemados por la potente luz. En medio de la nebulosa naranja de aros concéntricos amarillos que se escapaban de mi espacio visual salidos de foco, sentí la voz del Sargento llamando a la calma. Me arrodillé y fue fácil apoyarme al vehículo que estaba a mi costado y al que no había abandonado como si se tratase de una enorme criatura protectora, una vieja hembra junto a su vulnerable cría. Deduje corridas por la planicie arenosa y espanto en mis compañeros. Poco importaba, el zumbido ensordecía y el viento era terrible. Por algún extraño fenómeno la arena permanecía sujeta al suelo, y la sombra, por lo que entendí, flotaba en una densa nube caliente que ella misma generaba y sobre la que se desplazaba. Así se alejó reflejando su negra estructura en la superficie y el cielo, tenebrosamente levitante.
 Detrás de una duna, donde el vehículo "Comando" estaba escondido y era portador de la radio, surgió el Sargento sonriente. Se acercó a nosotros caminando con calma. Con el dorso desnudo, la piel dorada por el sol y marcados los huesos en su delgado cuerpo, el hombre tenía toda la apariencia de un guerrero al que el árido medio obligó a adaptarse con exigencia y constancia. Acomodó su gorro de lona sobre el cabello rubio y duro com alambre, miró un par de veces en sentido a la mancha negra que volando se alejaba hacia el horizonte, y luego nos dijo:
-Es un arma secreta, es nuestra... va hacia la tormenta, a buscar enemigos...
 Todos comprendimos de qué se trataba aquello: cubría la retaguardia. Cada uno se abocó con sincronizada calma a levantar el campamento. Vi desaparecer al arma secreta detrás de las opacas colinas en el horizonte lejano y plano. Emprendíamos nuevamente la retirada, de regreso a casa. A nadie importaba si aquella máquina tendría algún efecto sobre el desarrollo del conflicto, o si volveríamos a verla. Ahora estaba sellada nuestra desvinculación de aquel abominable problema de la guerra. Y se manifestaba más claramente que nunca nuestro deseo de olvidarla a ella y sus hijos mal paridos que quedaban vagando sedientos de sangre por parajes confusos y agrios, hasta que se detengan entre el polvo y maleza destrozada, a la espera de que otros las ocupen y muevan nuevamente.
RV 2014.



domingo, 16 de noviembre de 2014

Historias aberrantes - Capítulo #7: "La visita".

 No reconocí las yemas de los dedos golpeando sincronizadamente sobre el vidrio entre el diluvio de la tormenta. Sin embargo, comprendí que se debía a cierta actividad humana, aquella que exige nuestra atención. Permanecí en la cama, pesadamente cubierto por las frazadas. Los fuertes truenos se intercalaban con estampidas de luz que los relámpagos impregnaban fuera de la casa, quemando en contraste cada imágen, incluidas aquellas que se presentaban fantasmagoricamente dentro de mi humilde habitación. A cada relámpago o trueno, mi cabeza se erguía velozmente y así permanecía inmóvil contemplando la ventana y controlando que el mundo aún no se hubiese destruido.
 Entra las pausas que atestiguaban la lejanía cada vez más inmediata de la tormenta, volví a sentir aquel tétrico golpeteo que demandaba mi atención. El terror me sobrecogió cuando pude apreciar la siniestra sombra sombre mi cama, y contemplar como la más triste de las apariciones que uno jamás pudiese imaginar, la silueta de aquel cuerpo abatido por el agua. Permanecí así, y el cuello comenzó a dolerme al no poder bajar la mirada en dirección al misterioso visitante. Transcurrió un tiempo que dificilmente pueda manejar con discreta exactitud, pero fueron varias las ocasiones en las que el hombre extrajo su mano del bolsillo y se detuvo frente al espeso vidrio, dudando si volver a repetir el llamado. No me quedó opción. Me incorporé y sin sentir el frío del invierno que machacaba a cada ser vivo, luego de inquietos balbuceos, pregunté con voz dura: ¿Quién es?
 La figura pareció hacerme un gesto, como invitándome a acercarme. Tras dudar y explorar detalladamente el semblante de aquel indiscreto personaje, decidí aproximarme lentamente, hasta quedar a un metro de la ventana y del hombre.
-Escuche. -Pude entenderle con claridad. Permanecía con los brazos extendidos a los flancos del cuerpo. Su voz era suabe y clara, y en ningún momento declaraba alteración alguna.
¿Qué desea?
-Escuche. -Continuó sin dejarme terminar de hablar. -Usted me verá siempre, entre aquel montecito, ¿ve? -el hombre se giró a su derecha y su brazo apuntó hacia el lugar que miraba, pero que estaba fuera de mi campo visual al exceder su extensión el pequeño formato de la ventana. -Y también allí, y allí, y por lo de la pulpería del Perro Anselmi. Tenga presente que siempre me verá...
-¿Cómo...? (Intenté interrumpirle, pero el hombre estaba explicando y en su tono era evidente la necesidad de que aquel extraño mensaje me quedara claro).
-... desde la ruta hasta los campos de soja al borde de la estancia Mamangá, y la pendiente de la cañada donde pesco. -Volvieron a golpear sus yemas en la ventana floja y sentí cada dedo tocarme el alma y empujarme hacia el pavor más profundo. Se marchó bajo la cortina blanca del agua que había vuelto y con ella los truenos que parecían  cañonazos.
 El terror me llevó a la cocina donde bebí café amargo, sin saber cuándo lo había preparado ni por qué mi mirada había quedado clavada en la pequeña ventanita sobre el horno.
 A ciencia exacta, difícilmente pueda confirmar cuándo fue su primer  aparición, pero si puedo objetivamente confesar que son cuatro la veces a la semana que se hace presente en esta ventana, cuando no me lo cruzo por entre los campos, atravesando un alambrado o tomando caña en la pulpería del Perro. Temiendo preguntar por él, una foto me revelería su identidad, en casa de don Gamarra, colgada sobre el fogón.
"Este es mi compadre el finado Teo, que nos dejó hace veinte años". Me dijo una noche de febrero contaminada de calor abrazador.
 Supe de la disputa por una mujer, cuentas pendientes saldadas violentamente sobre una balsa y también una apuesta resuelta con mala suerte. Todas patrañas, ninguna tuvo jamás sustento capaz de hacerlas medianamente creíbles. Deduje en el tono de la gente que en pocas ocasiones narraba su muerte, el descansado pronunciar de palabras falsas arrojadas a un aljibe y olvidadas antes de tocar fondo.
 Lo encontraba y lo miraba, don Teo fumando en la cañada y don Teo cortando tacuaras. Estuve entregado durante mucho tiempo a hacer de mis pasos un decantar de inquietas expectativas que en algún momento puedan situarme frente a aquel individuo oscuro y sentir de él lo ocurrido. La espera consumió años de espejismos, entre los que a la deriva intercalaba resoluto referencias capaces de contactar un episodio con un sueño.
 Pero ensillando mi caballo una hermosa mañana de abril, apareció don Teo, y en un gesto, peregrino en su caminar, me dio a entender aquel secreto: "apriete bien", -me dijo y mantuvo su rostro volteado hacia mí durante el largo rato en que se desplazaba.
 Luego, casi adentrándose en el tupido montecito, gesticuló tres o cuatro veces con graciosos movimientos una caída hacia atrás. Ya entre los altos helechos que tapizaban el bosquecillo y le obligaban a tirar las rodillas hacia arriba para no tropezar, le vi entre sombras juntar sus manos como rezando, y moviéndolas así, junto a su pecho, hacia adelante y atrás con centro en sus muñecas como expresando fatalidad o arrepentimiento.
 Se perdió entre el follaje y mi camino se hizo tan lento que parecíamos meditar los dos, mi caballo y yo. Y precisamente, desde aquella perspectiva desde la que observaba al animal, su largo y fino cuello inclinado hacia abajo, los abultados músculos de la mandíbula, las orejas espigadas y relajadas, y las largas pestañas de sus ojos que delataban la dirección de la mirada hacia los bordes del camino, fue que comprendí lo ocurrido. Entonces, en un escalofrío, me aferré con las piernas al abultado abdomen del equino, como evitando caerme, y apreté las riendas entre mis manos cual si fueran sogas de las que me aferrara en un naufragio.

RV 2014.




sábado, 30 de agosto de 2014

Historias aberrantes - Capítulo #6: "Postales de un sueño".

 A alguien despojaba de la luz y contaminaba con una suerte de pútrida humedad, como la que permanece en la hojarasca y salpica el follaje bajo. Así, encantado y déspota me revolcaba hasta confundirme sobre el oscuro terreno, laberinto de ramas y zanjas profudas de un caudal disuelto.
 A veces, cuando estoy acorralado por sentimientos de remordimiento y hosquedad, este recuerdo abre esclusas en mi anegada alma, para dejar escapar lo más turbio de mi conciencia. El precio es alto, pues esto me obliga a dejar drenar lo bueno entre lo malo, y contemplar entre la espuma convulsionada esta pérdida es sentirme cada vez más cercano a la muerte.
 A alguien quitaba la vida... quizás esto debí decir desde un principio, pero lo terrible no es considerarlo una simple pesadilla, sino sentir melancolía por un sueño.
 Por algún motivo no escapaba, y permanecía inmerso en la maleza y las casitas que se desparramaban por aquel hermoso valle hasta un lago calmo que espejaba el cielo en la noche. Podría haber sido yo la víctima de aquel atropello aterrador, o simplemente un vago espectador nocturno de un hecho siniestro que contaminó la noche cálida iluminada por la luna.
 Por momentos pienso que las pestañas son filtros que retienen lo adverso de una imagen para luego, durante el pestañeo, eliminarlo completamente haciéndolo desprender cual fruto podrido al sacudir la rama.
 No pretendo destruir lo oscuro o perturbador de ese recuerdo de un sueño, tampoco quiero dejar de considerarlo como tal al evocar las laderas de hierba fosforescentes por donde corro sin pisar mi sombra. Instintivamente dejo los ojos entrecerrados peinando con la mirada aquello que se encuentre confuso, y barriendo todo lo otro que comprometa mi satisfacción y la seducción, por más terrible y dramático que esto pueda ser.

RV 2014.

jueves, 14 de agosto de 2014

Historias aberrantes - Capítulo #5: "Requiescat in pace".
 Huyendo de la terrible ofensiva, que todo lo apisonaba entre cenizas y lodo, escapando a las trampas de chatarras retorcidas por el fuego, los tres hombres encontraron refugio en un oscuro galpón. Aún en pie, con sus cuatro paredes y techo a dos aguas prácticamente enteros, la construcción de madera dejaba entrar la luz entre los tablones rajados y perforados por impactos de balas.
 Sin mediar palabra, los hombres se arrojaron sobre un montículo de paja y maderas diseminadas dramáticamente. A pesar del estruendo terrible de los disparos de proyectiles y cohetes que pasaban lamiendo la opaca construcción, ensombrecida más aún por las columnas de humo en movimiento, los hombres se durmieron profundamente oprimidos por el agotamiento. Los últimos aviones de ataque a suelo pasaban zumbando sobre el suelo calcinado para perderse en dirección hacia donde ellos al principio corrían, tras los pasos de los demás soldados y vehículos que también escapaban.
 Hubo una pausa quizás exquisita como el más sabroso y fresco fruto. No había interferencias entre el mundo soñado y el árido entorno que envolvía al mismo tiempo.
 En el sueño los hombres parecían sumisos a un extraño poder bondadoso y cálido, pero que enrarecía la atmósfera con los temblores del rigor y el miedo. Se entregaban, pues nada más podían hacer, a la fuerza que los mecía como ramas por la brisa.
 Un sueño se escapaba y las imágenes hacían confuso el escenario que, si bien no causaban verdadero bienestar, los inducía confortablemente entre oscilación y oscilación donde el panorama se deterioraba.
 Una joven se hacía presente dentro de un galpón, que fácilmente podía deducirse era en el que se encontraban en ese momento. La chica, de unos dieciséis años, portaba un candelabro, el cual mantenía con las velas a la altura de la frente, lo que ilumunaba su rostro plenamente. Sus rasgos eran bellos por más que su seño fruncido parecía contener furia. Detrás de ella, la luz del día daba plenamente, pero sobre un mar infinito, calmo pero en movimiento. A ninguno le pareció extraño que allí no hubiese campo, pero en el momento que intentaron incorporarse la muchacha dio un enérgico paso y se frenó desafiante, dando a entender que les cortaba el camino. Tenía un arma en la otra mano, la cual apuntó hacia un costado y allí, como por un extraño efecto lumínico, apareció un bulto oscuro, una persona arrollada, un hombre muerto. Los tres hombres, aun sobre la paja reseca, contemplaban la escena como simples espectadores. Entonces el hombre muerto se alzó de forma ilógica quedando en pie, al tiempo que de su pecho se desprendía materia y humo cual impacto y de allí se proyectaba hasta el revolver de la joven, penetrando por el caño y arrastrando una llamarada fugaz que también se introdujo en el arma. Su dedo, el que gatillaba, volvía asu posición estática sobre el gatillo.
 "Con esta arma aspirarán la muerte sobre cada persona que yace tirada sobre el terreno", dijo la muchacha, volteando en ágil pirueta el revolver y tomándolo por el caño. Así lo ofreció a uno de ellos, y así, por la culata, el soldado lo tomó como si se tratase de un objeto extraño. La chica y el hombre revivido se marcharon dando la vuelta en la enorme abertura que hacía a la entrada y desaparecieron sin ser vistos siquiera por entre los espacios de las tablas rotas. El agua parecía embravecerse y ahora las olas corrían con mayor celeridad.
 Cuando el hombre que empuñaba el arma se incorporó, esperó a que su compañero también lo hiciera, y aunque con mayor esfuerzo, al instante estuvo parado a su lado.
-Él está muerto, se murió dormido. -Le  comentó su compañero, mientras mantenía el arma apuntando el suelo. Permanecieron observaron al hombre que en la posición que se encontraba era en la que había caído. Por un momento dieron vuelta la cabeza hacia atrás, para prestarle atención a las tempestuosas aguas que comenzaban a arrastrar ramas y objetos comunes. No parecía crecer si bien su caudal se apreciaba severamente aumentado.  El hombre del arma pensó en si lo ocurrido anteriormente se trató de un sueño, y de haber sido asi, hasta qué punto creer en que su compañero hubiese visto lo que él vio con la chica y la implosión del arma. Pero el otro lo observó a los ojos, luego contempló el arma y volvió la cabeza hacia el compañero muerto. Entonces el arma estaba allí y era reconocida por ambos, lo que afirmaba la idea de que la escena de la muchacha y el cuerpo que se alzó fuese común para los dos. Esto, con el transcurso de los minutos se hizo evidente, por más que la corriente de agua se había vuelto ensordecedora y los distraía de a ratos, pero solo quedaba una duda flotando en el espacio dentro del maltrecho galpón: si apuntar al soldado muerto antes, o esperar a que se levante primero.

RV 2014.



martes, 12 de agosto de 2014

Historias aberrantes - Capítulo #4: "La espera".
 Como un pájaro volando en un cuarto cerrado, como pétalos caídos dentro de un jarrón oscuro y frío, chocando contra el espeso muro del humo que envuelve un bosque en llamas, Joaquín consumía la ira que cada día lo desborda.
 No en vano esperaba sentir las llaves que hermetizan su aliento del exterior, y lo hacen palpitar empeñoso en su empresa, alejado del bullicio. Se ha planteado, como una promesa anudada al tobillo de un náufrago, no permitir que le tormento lo ahogue más, porque de ser así, lo sentenciaría a muerte.
 No faltaron en su imaginación las ocurrencias más tenebrosas para impedir o modificar aquella situación, para retener a Noelina a su lado con el vigoroso impulso que desde un principio los unió hasta hacía escasas semanas.
 No compartían las mismas vías o carriles, sus vidas se separaban indefectiblemente, esbozando cruces que, pareciendo coincidencias, desnudaban la más absoluta intolerancia e incompatibilidad.
 Pero a la mirada fría y silenciosa con que la mujer retenía la adiposa pena del hombre, Joaquín se reflejaba en otro costado, en otra situación y bajo la perspectiva de un posible cambio. Pensó abatirse frente al instinto animal que le obstruía cada vez más tener una actitud civilizada, cuando no, humana.
 Las horas de ausencia de Noelina se fundían en la esmerada actividad de Joaquín en su altillo. Frente a la fragua y el buril, donde poco a poco formó su nuevo calendario de vida. En él, bien marcados estaban los días de paseo y descanso entre los árboles al margen del río, o el placer del frío en la colinas linderas.
 Esperaría. La contemplaría alejarse temprano en la mañana, y retendría aquella imagen, mejorada, retocada, si bien algo más cercana a él, durante las largas noches en que se ausentara. Luego prestaría atención al bajar la escalera, con la visión drásticamenet limitada, pesado insecto al asecho, hasta ubicarse donde sus articulaciones encuentran libertad de movimientos, velocidad y contundencia.
 El sol calentándole el esqueleto por momentos le hacía pensar que por él corría sangre. Inmóvil e impávido, esquivado por el viento que le hace más brillosa su coraza, permanecía a la espera, al instante propicio de derramar toda la pena, inundada de energía cegadora y punzante.

RV 2014.

 

lunes, 23 de junio de 2014

Historias aberrantes - Capítulo #3: "Las hermanas Lupi".

Hermoglia Lupi (a la izquierda, arrodillada), Pernambucana Lupi (de pie, a la derecha), y Maconia Lupi (ausente, murió a los ocho años asaltando una ferretería con una granada), integraron el grosero "Clan Lupi", o como todos las conocíamos en el barrio, "El grupo de las hermanas Lupi". Naturalmente que la pérdida de Maconia significó un drástico golpe para la organización criminal, sobre todo en el número de integrantes, puesto que pasó de "Grupo reducido" a "Grupo breve", según datos estadísticos del Instituto de Criminología y Cosmovisión Apícola de la Facultad de Derecho. Aún así, siendo Maconía la mayor de las tres hermanas y quien estratégicamente manipulaba al grupo, su desaparición no supuso grandes problemas para sus dos hermanas menores, quienes respetando rigurosamente el Código de Hermandad de las Hermanas Lupi, sortearon obstáculos y asumieron desafíos que hicieron posible la actividad de la organización. Año tras año los asaltos y diferentes operaciones dieron fama a las hermanas, ganando respeto en el barrio y la ciudad, así como una suculenta fortuna amasada a fuerza de intervenciones tan violentas como desmedidas en el marco de la delincuencia y la omisión ética básica. Fueron notables algunas de sus acciones, que quedarán en la memoria colectiva de toda una generación que les temió, admiró y, finalmente, delató. Así pueden destacarse con relativo fervor:
1- Atraco al Banco Pureo de Finanzas Bálticas: demolición de su fachada, vaciamiento de bodegas y decapitación del Director General, Gerente Gerencial y Agregado Monetario. (El suceso se transmitió en directo por televisión abierta y cable, paralizando a todo el país y postergando la inaguración del "225º Festival del Oboe y la Estopa").
2- Fractura de mandíbula al tenor Pedrito de Albuquerque y cancelación de su grotesca gira mundial "¡Hola Zarzuela!": A raíz de esta gracia, se generalizó el famoso dicho popular "¿hola zarzuela?, ¡Pedrito y su muela!", utilizado cada vez que un individuo diera por hecho algo con absoluta seguridad y arrogancia, sin dar lugar al fracaso o carencia de suerte).
3- Derribo del Vuelo FG-552 con la escuela de zamba "Os Macaqueiros da Rua", que vergonzosamente actuaba de forma sumisa y cipaya en misiones de la ONU. (Aquel año la prensa local titulaba: "Calleron los Macaqueiros, ¿alguien sintió algo?" -"Diario Mambrú"; o por ejemplo el semanario "La Pasta", "Macaqueiros al agua, fauna marina en peligro". Genial).
4- 15 minutos de golpiza a la Condesa de Kokô: "quince interminables minutos", dijera al mes de despertar del profundo coma que la tuvo al bordede la muerte. Fue un grabe error de la Condesa de Kokô, Margarita de Auschpith, que declaraba a los medios de prensa más selectos del mundo, desde su mansión en el privilegioso balneario "La bala": "he sabido de dos gamberras que pretenden fama, no diré que gozan de mi admiración, si bien una tercera sí me ha cautivado el alma al volar al más allá". La clara alusión a Macania Lupi no fue olvidada por sus hermanas, quienes haciéndose pasar por monjas de la caridad, penetraron en su mansión, y tras encerrarse con ella y su mascota Tilo (un monito etíope), administraron dantesca golpiza en el transcurso de un cuarto de hora. (Un mensaje dejado por una de las Lupi, escrito con sangre de la Condesa en el espejo de su cómoda, decía: "más acá que allá, la Condesa de Kokó quedó hecha Kaká". El mono fue hallado sin vida a la semana, dentro de un estuche de zapatos).
5- Inoculación de 700cc de hipoclorito de sodio al dentista Wilfredo Rastamán: quizás el hecho que gozó de menos aceptación en el barrio, debido, pura y exclusivamente, a que el deterioro físico-motriz posterior a al intervención de las Hermanas Lupi, dejó sin uno de los dos odontólogos que teníea la ciudad. Un tratamiento de conducto que ocasionó la pérdida total de un premolar de Pernambucana, derivó en el pintoresco suceso. Extraída la pieza dental,  Pernambucana permitió el ingreso de su hermana al consultorio, y tras atar al Doctor Wilfredo como un matambre al sillón, se le inoculó la cantidad mencionada en varias dosis, a la altura cervical. "Pataleaba como un chino", decía a la AM Secuelas la graciosa Hermoglia Lupi. (El líquido se encontraba en el mismo consultorio).
 Bien, para muestras basta un botón. Las acaudaladas hermanas Lupi no mermaron sus bromas, y en el transcurso del Carnaval de las Desgracias (fiesta tradicional bienal), las mismas adquirieron un tinte tan funesto como peligroso, despertando en las autoridades intrigas tales que terminaron por modificar abruptamente el concepto que sobre ellas la gente se había hecho, para pasar a la clandestinidad y posterior requerimiento.
 "Carnaval de las Desgracias - 1988": la fiesta tradicional por excelencia, de una duración sorprendente de 124 días ininterrumpidos de groseras bromas rayanas en la psicosis colectiva, se venía festejando desde el año 1790. Esta edición previa al festejo de los 200 años, sería recordada por todos como la más abominable, contaminada funestamente por la impronta "Hermanas Lupi", leyenda que generación tras generación, se intentó ocultar con el fin de subsanar la matríz cultural de aquella nación, desgarradoramente atrofiada.
 El Asilo "Misericordia del Marqués Redentor" fue el primero en sufrir estas vandálicas bromas. No fue la rotura de vidrios con gatos muertos lo que condenó la suerte de sus habitantes, no, si bien los confinó al pavor más delirante, sino la descarga eléctrica propinada por las Lupi al complicado sistema de tubos de gas lo que condenó su suerte: 43 ancianos carbonizados junto a 13 funcionarios del establecimiento + 18 adultos mayores mutilados de forma cavernícola. Pero esto recién había comenzado. Al mes de iniciado el carnaval (en cuya inauguración se generó una gresca demoledora que acabó con el torpe saldo de 22 fallecidos de los cuales 4 fueron por electrocutamiento sobre el estrado), las Lupi destinaron un tonel de "Veneno para ratas Mafalda" a la planta procesadora de Helados Mónkis,. La gracia pasó factura al último censo: 394 personas intoxicadas, 223 muertas y las restantes con serias lesiones en el sistema nervioso. Dos días después, un impacto certero de Pernambucana con un rifle de asalto a un reparto de garrafas delineo uno de los más sorprendentes proyectos urbanísticos de la ciudad. El "Gran estanque de la paz", trazado después del cráter de 30 metros de profundidad ocasionado por la detonación del camión. El chiste redondeó números para hacer más fácil el trabajo forense: 50 calcinados y 10 "Volatizados". Sin embargo hasta el momento las gracias de las Lupi pasaban desapercibidas en medio de la hecatombe humorística en la que la población se afanaba, anotándose en el anonimato algunas como la demolición de la Estación Central de Ferrocarriles mediante tres descarrilamientos de sincronización sorprendentes, y una funesta resultante de 204 decesos. Las piñatas generalizadas o "generalas", se dieron con un intervalo de una semana entre sí, aproximadamente, por lo que si bien al terminar la festividad rondaban los quince mil fallecimientos por "pugilato descontrolado", esto no alteraría drásticamente los números arrojados por el efecto Lupi. Hubieron también quienes se ganaron el reconocimiento de profecionales del carnaval, como los catorce operarios de la planta de armado de lavarropas "Pinki-low". Los delirantes trabajadores metalúrgicos conformaron "La murguita de los Lemures": subidos al primer tablado, y ataviados bajo el simpático disfraz de peluche, dispararon interminables ráfagas de metralla a los sorprendidos espectadores, quienes anotaron en su desmedro la pérdida de 46 de ellos.
 Pero el hecho al que haremos referencia para determinarde de algún modo cuál fue la detonante final de su suerte, fue el que encontró a las hermanas Lupi en la decadencia absoluta. Dejadas de lado por fenómenos más interesantes que absorbieron de forma casi total la atención de la gente, las hermanas Lupi intentaron recuperar su fama en proyectos de torpe imaginación y presupuestos escalofriantes. Los lanzamientos de naves y cohetes con motivo del Primer Programa de Investigación Espacial, fueron cautivación absoluta de toda la población, sin distinción de edades ni de otro tipo.Tres funestos fracasos dieron lugar al éxito del del cuarto lanzamiento. Si bien las pérdidas en vidas y patrimonio del estado de los primeros proyectos fueron casi demoledoras, pasaron inadvertidas con la expedición 77RF y su misión sobre Marte.
 A este punto, las Lupi habían protagonizado un sin fin de películas y telenovelas, financiadas y actuadas por ellas mismas y producidas enteramente en los estudios de la red televisiva de la que eran propietarias. Un innumerable ciclo de films pornográficos finalmente suscitaron cierta admiración y actractivo por parte de la apática población. Sin embargo, rápidamente fueron olvidados y el enorme esfuerzo de las hermanas Lupi se volvió contraproducente, despertando el rechazo en cada aparición en pantalla, las cuales poco a poco mermaban debido al agotamiento. Entonces Pernambucana tuvo aquella catastrófica e inusual idea, un pensamiento rescatado de la más abominable confrontación entre elementos dantescos y depravados. La idea tuvo inmediato apoyo de Hermoglia, y tras refinados ajustes, en cuestión de tres meses activaron el demoníaco plan.
 La idea era la siguiente: notó Pernanbucana que durante los diferentes sucesos criminales, aquellos donde el factor sorpresa jugaba destacado rol, más para los espectadores que para sus víctimas, el índice de aprovación subía desproporcionadamente. Así recordaron y analizaron diferentes intervenciones, y constataron lo expresado anteriormente. Entonces, si habían declarado la guerra al Alcalde (acérrimo enemigo de las Lupi), debían ajustar el el plan a los tiempos de los espectadores, causando inevitable sorpresa entre la muchedumbre, sin importar en los reparos a los que el mismo Alcalde se hubiese sumido. Esto garantizaba un golpe escénico formidable, si bien a un coste exorbitante por no estar sujeto al mejor momentode ser aplicado a su víctima.
 La idea era casi perfecta, se quería atentar contra el Alcalde, el Doctor Dionisio Rolling Mayer, pero no se sabía en qué momento hacerlo. De modo que, sin perder un segundo de seguimiento a dicho individuo, se buscaba exhaustivamente una fecha capaz de causar el impacto deseado, y con el mismo, la vuelta a la absoluta admiración por parte de la población.
 Hecha la promesa de muerte hacia el Alcalde Rolling "Penachito" Mayer a través de su propia red televisiva, las Lupi causaron absoluto impacto mediático. El mismo creció de forma sorprendente a medida que se acercaban a fechas pátrias o sucesos que englobaban culturalmente el interés de la población.  Así, celebración tras celebración, la gente esperaba impaciente la ejecución del plan Lupi, y se apostaba salvajemente sobre la suerte del Alcalde.
 Después de siete meses de meticulosa preparación, el golpe fue llevado a cabo, y paradójicamente la espectacular aprobación popular se volvió sorpresivamente una condena que terminó con las Lupi tras las rejas.
 17 de agosto de 2006. Lanzamiento del cohete espacial 78HF. Evento de interés nacional con total participación popular completamente comprometida con el proyecto estelar. El mismo, había acarreado severos recortes presupuestales en materia de educación y salud, en apoyo a la investigación espacial. Los compromisos adquiridos con redes financieras internacionales condenaban la suerte de varias generaciones del país a pagar una deuda exorbitante, pero con una enorme o casi total posibilidad de que la empresa tenga beneficios gigantescos para el país. Años de discución e investigación se volatizaron en una apoteósica detonación de cuyas consecuencias se puesde dar crédito mediante fotografías aéreas. 
 Hora 1027: ante miembros del Gobierno Central, autoridades Municipales (incluido el Alcalde Dionisio "Palenque" Rolling), y agregados Diplomáticos y de Oficinas de Investigación de más de treinta países, el 78HF despega dejando atrás la plataforma de lanzamiento.
 Hora 1028: las redes de comunicación televisivas y altoparlantes del Complejo Espacial son interferidas por las hermanas Lupi, allí manifiestan su promesa; -¡Felíz navidad y mejor "ano" nuevo!-
 Hora 1029: el depósito #7 de hidrógeno líquido exhibe luminoso chispazo cuando el aparato se encuentra a 122 metros de altura.
 Hora 1030: explosión y caída del cohete sobre las gradas de espectadores, envolviendo en dantesca bola de fuego a autoridades y chusma por igual.
 La noticia acaparó la atención mundial durante varias semanas, pero en aquella nación, durante años. No fueron las casi 230.000 personas muertas ni las 58.000 lesionadas las que suscitaron la condena a las hermanas Lupi, puesto que fue motivo  de carcajada y algarabía total para televidentes y espectadores sobrevivientes. El tema "detonante", fue el cumplimiento de las cartas de compromiso con los Bancos acreedores, el inhumano pago de intereses y aberrantes reformulaciones de la deuda.
 Las hermanas Lupi, las "Diosas de la Acción", como fueron apodadas durante su florecimiento, emprendieron una interminable fuga que arrojó un saldo calamitoso en vidas e infrastructuras, y que terminó un año y medio después cuando fueron capturadas en una de sus tan numerosas orgías.
 Si bien no puede decirse que su captura pudo recomponer el daño estrepitoso que sufrieron las arcas del estado, podría decirse  que el hecho lanzó al estrellato a una nueva personalidad (o no tanto), escondida durante años en el anonimato y el pavor más desgarrador.
 Integrando casi todas las orgías organizadas por las Lupi, cada vez más cercana al núcleo íntimo de las tétricas hermanas, siempre bajo esmerado disfraz y absoluto secreto, la Condesa de Kokô delató su posición, y dada la exhaustiva búsqueda por parte de las autoridades, dieron con el paradero e inevitable arresto de Hermoglia y Pernambucana Lupi.
 "Esto no llena el espacio vacío dejado por mi monito Tilo, ni reconstituye el entretejido socio-cultural deteriorado por las acciones de las hermanas Lupi, -decía la Condesa a la prensa internacional- pero sí pauta reglas de comportamiento que deberán de ahora en más ser respetadas por todos, y que en su primer punto dice dice que es necesario exportar a otros pueblos y naciones nuestra matriz de civilización, e inundar con nuestro genio inconmensurable, cada rincón del planeta. Porque algo sí queda claro en este aprendizaje de décadas de nefastas costumbres y tradiciones: nuestro país nos queda demasiado chico".
Fin.

RV2014.